domingo, 19 de mayo de 2019

BATALLA DE LEPANTO. 7 de Octubre de 1571

"La más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros"
Con estas palabras definió Miguel de Cervantes el acontecimiento bélico naval que freno la expansión del imperio otomano por el Mediterráneo occidental.

Se enfrentaron en ella la armada del Imperio otomano contra la de una coalición católica, llamada Liga Santa, formada por el Reino de España, los Estados Pontificios, la República de Venecia, la Orden de Malta, la República de Génova y el Ducado de Saboya.

Batalla de Lepanto



Desde que los otomanos unificaran el Islam desde la península de Turquía, sus conquistas en Europa se sucedieron una tras otra ocupando Macedonia, Bulgaria, Serbia y Bosnia. En 1453 cayó Constantinopla, el último recuerdo del Imperio Romano de Oriente, seguida de Valaquia, Besarabia, Bosnia y Hungría hasta que en 1529 los jenízaros fueron detenidos ante Viena. En el Mediterráneo la situación era análoga, las galeras turcas imponían su ley y las incursiones berberiscas desde Túnez, Argelia y Marruecos no respetaban ninguna costa.
Al inicio del reinado de  Selim II, los turcos dinamitaron las buenas relaciones con los venecianos al conquistar en 1571 la rica isla de Chipre tras mes de 2 meses de asedio a su capital Nicosia, provocando mas de 30 000 muertos. 
24 de mayo. 1571.

El papa Pío V fuerza una reunión con los representantes de Venecia y España y, finalmente, se firman los acuerdos de la Santa Liga. La decisión es tomada ante el temor que genera la imponente flota que han logrado reunir los turcos y la conquista de Chipre. Así pues, se unen bajo la misma bandera las regiones de España (que debía sostener el peso de la mitad del total de las naves y los hombres), Venecia, Génova, Malta, el ducado de Saboya, Toscana y los Estados Pontificios. Todos, dispuestos a expulsar a la flota infiel de las aguas del Mediterráneo.

Papa Pio V

Por parte veneciana hay 136 galeras, 11 galeazas y 14 naves, al mando de Girolamo (Jerónimo) Zanne, Antonio de Canale y Jacobo Celsi.
Las fuerzas pontificias constan de 12 galeras al mando de Marco Antonio Colonna.
Felipe II aporta 50 galeras mandadas por Gian (Juan) Andrea Doria (sobrino del fallecido Andrea Doria), que debía ponerse a las órdenes de Colonna.
En total suman 198 galeras, 11 galeazas, un galeón, 7 naves más, con un total de 1300 cañones y 48000 hombres, de los que solo 16 000 son realmente soldados.

La armada aliada estuvo al mando de don Juan de Austria, secundado en la armada real por Álvaro de Bazán, Alejandro Farnesio, Luis de Requesens y Juan Andrea Doria. La escuadra turca iba al mando de Alí Bajá que contaba con 260 galeras.

Don Juan de Austria.

En Agosto de  1571 Las flotas comienzan a reunirse en Mesina (al sur de Italia). 
Una vez reunida en el puerto de Mesina, la armada combinada pudo vanagloriarse de estar formada por una intimidante fuerza de galeras (más de 200), fragatas y barcos de menor importancia. Todo ello, aderezado por los soldados españoles más valerosos de la época. 
Don Juan de Austria dispuso que cada galera llevara ciento cincuenta soldados y cada galeaza quinientos y como las dotaciones venecianas eran escasas se acordó que españoles e italianos pasaran a estas galeras. 

En Septiembre de 1571, la armada turca al mando de Ali Bajá se posiciona a finales del verano en Prevesay, desde allí, se dispone a pasar el golfo de Lepanto. Su objetivo es llegar a la zona, asentarse en la posición y aguardar en un lugar seguro por si la flota cristiana se plantea atacarles. Ya conocen la existencia de la Liga Santa pero no cual es realmente el groso de su flota.

Bandera de la Santa Liga.



Entre el 15 y 16 de Septiembre, parte la flota cristiana. En vanguardia iban ocho galeras exploradoras, al mando de Juan de Cardona, general de la escuadra de Sicilia. Sus órdenes eran ir ocho millas por delante del grueso de la fuerza. El resto de la fuerza iba dividida en cuatro cuerpos. Su formación era la del águila, pero sin pico.
El 18 de Septiembre, los exploradores informan a Juan de Austria de que la flota enemiga ha sido avistada en el puerto de Lepanto. Es el momento de organizan la batalla. 
Durante los siguientes días, hasta el de la batalla, fueron aproximándose al puerto de Lepanto, mientras don Juan enviaba vigías por mar y tierra para descubrir la armada turca. 

Tras varios días anclados, la guardia que estaba en los calces de la Real, avisó de que había descubierto una vela latina, y al poco toda la Armada turca. 
El 7 de Octubre que fue domingo, los soldados escucharon misa en los buques. Poco antes de la batalla, don Juan se puso de rodillas y oró a Dios pidiéndole la victoria para los suyos. Don Juan cuenta que, en ese momento, "fue el mar aquietado de tanta bonanza, cuanta se pudo desear y forzó a la armada enemiga a plegar su velas y venir a remo", lo que permitió a la Armada cristiana ponerse en orden de batalla.
Como era costumbre ne la época, la flota Otomana disparo un cañón a los que la flota de la Santa Liga respondió, dando el visto bueno a iniciar el enfrentamiento. 

Disposición de la Batalla.

Cuando las fuerzas avanzaban se toparon con un cambio en la dirección del viento, que comenzó a venir desde el oeste, lo que beneficiaba a la flota católica. Los sacerdotes de las galeras cristianas, que eran jesuitas en el caso de los Habsburgo y franciscanos en las venecianas, creyeron que aquello se debió a una intervención divina. 
 Alí Bajá queda impresionado por la cantidad de velas que ve venir frente a el. No obstante, su idea es clara, no le dará la satisfacción a los cristianos de ver como huye. La batalla está servida. 
Don Juan ordena cortar los grilletes de los prisioneros condenados a galeras y entregarles armas. De buena mañana, los dos bandos comienzan a formar sus líneas de batalla en el golfo de Patras.

Ubicación del Golfo de Lepanto, donde se desarrollo la batalla.

Desde algunos navíos turcos, empieza a sonar una música de címbalos y trompetas que es seguida por el resto de las naves musulmanas. El jolgorio es espectacular. Por su parte, el silencio reina en las galeras cristianas.
Sobre una pequeña barcaza, Don Juan de Austria navego frente a algunos navios y gritaba a sus hombre: "hijos a morir hemos venido, a vencer, si el cielo así lo dispone. No deis ocasión a que, con arrogancia impía, os pregunte el enemigo: ¿dónde está vuestro Dios? Pelead en su santo nombre que, muertos o victoriosos, gozaréis de la inmortalidad".
Poco después, Don Juan vuelve a su buque "La Real" y, sobre las 11 de la mañana, dispara un único tiro sobre "La Sultana". Signo de que comienza el combate.

Seis galeazas son remolcadas hacia el frente de la formación española en disposición de disparo, con el viento a su favor, el humo provocado por los disparos (tan molesto en batalla) ya no les volverá a la cara, sino que se dirigirá hacia los turcos. Los turcos con el viento en contra, deben remar para moverse durante la batalla.

Galeazas eran los barcos mas grandes y mejor equipados de la Santa Liga.

Desarrollo de la batalla

Ali Bajá ordena atacar las galeazas lanzan una terrible lluvia de plomo sobre las galeras enemigas. El griterío musulmán se acalla ante el estruendo de los incontables disparos de estos buques tecnológicamente adelantados a su tiempo.

En un primer momento el contingente dirigido por Mehmed Srirocco y Caur Alí rodea por el flanco izquierdo a la flota cristiana. Barbarigo los interceptará y combatirá con las cuatro primeras galeras que fueron llegando.

El grupo de galeras de Creta, Dalmacia y Cefalonia logrará derrotar a las galeras de Estambul que les tocaron en frente. El grupo de galeras del papa y de la República de Génova logrará introducirse en la brecha que había abierto en las líneas enemigas por la galeaza de Ambrosio Bragadino. De esta forma lograron rodear a los otomanos para rodar a las galeras de Rodas por la espalda.

La galeaza de Antonio Bragadino desordena las galeras de Siria y Anatolia propiciando que las galeras venecianas y de las islas, al mando de Giovanni Contarini, pudieran derrotarlas.
El grupo de galeras de Nápoles y Venecia comandado por Marco Quirini logrará, junto con las naves del Papado y Génova, al mando de Orsino, derrotar al frente de Rodas.

Posteriormente las galeazas de Andrea di Pesaro y Francesco Duodo rompen la línea otomana. Tras esto las unidades más potentes se concentran en torno a las naves capitanas de ambas flotas. En el caso cristiano la capitana era la galera La Real, comandada por Juan de Austria, y en el caso otomano la galera La Sultana.

Desarrollo de la batalla.

El flanco izquierdo de la línea de batalla otomana se situará frente al flanco derecho de la flota cristiana, defendido por galeras maltesas. Los otomanos derrotarán ahí a las aisladas galeras de fanal de Saboya (Moreto) y Niccòlo Doria (Polidoro).

En cuanto las atestadas galeras de fanal se agolparon en el centro no hubo espacio para elaboradas maniobras tácticas. La Sultana se estrelló contra el lado babor de La Real. Los jenízaros asaltaron la proa del barco pero fueron barridos por la artillería. Los cristianos aprovecharon aquello para ganar el primer envite y luego, se sucedieron los ataques y contraataques en la cubierta de la galera otomana. Durante todo ese tiempo las galeras de apoyo no dejaron de suministrar refuerzos a las dos grandes galeras a través de las escaleras situadas en ambas popas.
Apoyado por sus 300 arcabuceros, Don Juan demuestra su destreza en batalla con la espada en primera línea. Ali prefiere disparar desde la retaguardia con su arco. 
El "arma secreta" de la Liga Santa fue la habilidad de los Tercios para usar picas a la hora de abordar las galeras.
Alí Bajá no es capaz de resistir el empuje cristiano y su guardia personal cae, siendo herido de muerte por un arcabuzazo en la frente. Al fin, tras dos horas de contienda, parece que la lucha se decanta del lado cristiano. 


Desarrollo de la batalla.

Sin líder, y con la defensa desbarata tanto en el flanco izquierdo como en el centro de la formación, los turcos comienzan a retirarse. Los que no han sido aniquilados. Pero el flanco derecho que es la única zona en la que el ejercito otomano ha conseguido resistir, todavía atacará de forma desesperada una vez más. Casi por despecho, 16 galeras toman el flanco derecho de 8 cristianas en las que están embarcados más de 500 soldados del Tercio de Sicilia. Estos se aprestan a la defensa y, a pesar de que solo salen 50 con vida, logran detener la última carga musulmana.

 Después de mas de 5 horas de batalla y tras el cese de las hostilidades, con la armada turca vencida, los cristianos efectúan el recuento de bajas. Se contabiliza la pérdida de 12 galeras cristianas (aunque luego ascendieron a 40 por los graves daños sufridos) y de 7600 hombres, de los que 2000 eran españoles. 
Hubo 14 000 heridos. Se cuentan "170 galeras y 20 galeotas de 12 bancos arriba" apresadas a los turcos, de las que solo 130 estaban útiles; las otras 60 fueron quemadas. Se hicieron 5000 prisioneros y se liberó a 12 000 cautivos cristianos. Se estimaron entre 25 000 y 30 000 los muertos del bando turco. 

La victoria de la batalla fue atribuida a la Virgen del Rosario, por haberse celebrado el primer domingo de octubre. Poco después, en 1573, Gregorio XIII la denominó fiesta de la Virgen del Rosario, y la trasladó al 7 de octubre.

Cabrera de Córdoba describiría así la batalla:
"Jamás se vio batalla más confusa; trabadas de galeras una por una y dos o tres, como les tocaba... El aspecto era terrible por los gritos de los turcos, por los tiros, fuego, humo; por los lamentos de los que morían. Espantosa era la confusión, el temor, la esperanza, el furor, la porfía, tesón, coraje, rabia, furia; el lastimoso morir de los amigos, animar, herir, prender, quemar, echar al agua las cabezas, brazos, piernas, cuerpos, hombres miserables, parte sin ánima, parte que exhalaban el espíritu, parte gravemente heridos, rematándolos con tiros los cristianos. A otros que nadando se arrimaban a las galeras para salvar la vida a costa de su libertad, y aferrando los remos, timones, cabos, con lastimosas voces pedían misericordia, de la furia de la victoria arrebatados les cortaban las manos sin piedad, sino pocos en quien tuvo fuerza la codicia, que salvó algunos turcos"

Entre todos los héroes de la jornada, había un combatiente aun desconocido: Miguel de Cervantes, quien sufrió una herida en su mano izquierda que luego le daría el apodo de “el manco de Lepanto”.


ConsecuenciasReforzó la hegemonía cristiana en el Mediterráneo sobre el Imperio otomano y sus corsarios aliados.
Beligerantes
Banner of the Holy League 1571.png Liga Santa:
Flag of Genoa.svg República de Génova
Flag of the Order of St. John (various).svg Orden de Malta
Flag of the Grand Duchy of Tuscany (1562-1737).svg Gran Ducado de Toscana
Savoie flag.svg Ducado de Saboya
Fictitious Ottoman flag 2.svg Imperio otomano
Comandantes
Flag of Cross of Burgundy.svg Juan de Austria
Flag of Cross of Burgundy.svg Álvaro de Bazán
Flag of Cross of Burgundy.svg Alejandro Farnesio
Flag of Cross of Burgundy.svg Luis de Requesens
Flag of Most Serene Republic of Venice.svg Sebastiano Venier
Flag of Most Serene Republic of Venice.svg Agostino Barbarigo 
Flag of the Papal States (pre 1808).svg Marco Antonio Colonna
Flag of Genoa.svg Juan Andrea Doria
Fictitious Ottoman flag 4.svg Alí Bajá 
Fictitious Ottoman flag 4.svg Mehmed Siroco 
Fictitious Ottoman flag 4.svg Uluj Alí
Fuerzas en combate
Armada de la Santa Liga
• 227 galeras
• 6 galeazas
• 76 fragatas o bergantines
• 1815 cañones
• 86 000 hombres
Armada otomana
• 210 galeras
• 87 galeotas y fustas
• 750 cañones
• 88 000 hombres
Bajas
13 galeras perdidas
10 000 muertos
8000 heridos
~200 galeras hundidas, quemadas o capturadas
40 000 muertos
8000 prisioneros
12 000 cautivos cristianos liberados

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